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Con el tiempo, las pulseras de acero inoxidable se han convertido para los hombres en un accesorio imprescindible al momento de vestir. Tanto o más como lo podría ser un reloj o un perfume.

No por nada termina siendo este metal uno de los componentes principales en la elaboración del artículo masculino. A diferencia del cuero o del plástico, el acero inoxidable ha mantenido desde su creación (hace más de cien años) una serie de ventajas.

Se incluye en ese largo listado su capacidad de mantenerse higiénico. Esto gracias a su gran facilidad de limpieza y su mínima adherencia a la mugre provocada por suciedad, hongos o bacterias.
También el aspecto estético al momento juega a su favor al poderse moldear hasta que sea posible tener distintos acabados, como el pulido y el satinado.

Su resistencia a factores externos como el calor o la extrema humedad complementa la versatilidad de este elemento para usar en cualquier ocasión.

Algunos cuidados a considerar para las pulseras de acero inoxidable

Sin importar el tamaño, el color o modelo de la pulsera, si está hecha con acero inoxidable debe seguir una serie de cuidados. La intención, además de hacer que la pieza perdure a través del tiempo, es que tampoco afecte a la persona que la usará.

Si se toma entonces la primera vertiente, de la atención al objeto,

vale saber que basta con hurgar en casa hasta hallar lo necesario. Esto incluye un pañuelo o estropajo suave que no raye la superficie.

Junto a esta tela se puede usar un líquido como agua tibia. A su vez se mezcla con detergente suave o productos que no sean abrasivos como amoníaco y cloro. Antes, durante y después es recomendable no acercarlo a otro metal como hierro mojado porque puede terminar adhiriéndose.

En cuanto a la piel lo principal es verificar previamente que no haya alergias o reacciones asociadas a este material.

Comprobando la calidad de las pulseras de acero inoxidable

Muchas veces por desconocimiento elegir entre pulseras de acero inoxidable, para regalo o uso personal, termina siendo una odisea. Sin embargo la labor termina facilitándose al saber algunas características básicas de este metal además de tener cierto criterio en la selección.

Lo primero es saber que tras ser procesado, el acero inoxidable luce tan brillante como el primer día, sin importar si fue lavado o si ha pasado un tiempo. El color se mantiene con diferencia a otros como el aluminio, por ejemplo, porque este último es menos luminoso y la apariencia es de tendencia grisácea.

Funciona además con algunas otras técnicas. La primera es acercar un imán que irónicamente no debe poder acercarse para descartar de inmediato que sea un hierro o que lleve una aleación. La otra es más sencilla y consiste en rayar la superficie con una llave u objeto filoso. El fracaso en este intento será el éxito en la comprobación.

Finalmente hay una última manera de saber si el acero es inoxidable y esto tiene que ver con tratar de doblarlo. Dependiendo de su grosor, no es tarea fácil sin calor así que cualquier cambio en su estructura en esta vía ya dice de su condición.